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Segunda Peque帽a antolog铆a de tres

Josep Guinovart

COLECCIÓN DE LA FUNDACIÓN PRIVADA Espai Guinovart de Agramunt (1948-2003)

Hace un año, con motivo de la celebración del décimo aniversario de la inauguración de la Fundación Privada Espai Guinovart, presentamos la "Primera Pequeña antología de tres". Era la primera exposición de una serie de tres que tienen por objetivo presentar (a modo de "pequeñas antologías") la colección permanente de la Fundación. Tal como explicábamos entonces, las sucesivas donaciones de Josep Guinovart han ido constituyendo un fondo notable que cuenta con doscientos veinte cuadros, cuarenta y cuatro esculturas y dos instalaciones.

Para esta "Segunda Pequeña antología de tres", hemos considerado interesante volver a los inicios, a la exposición inaugural del año 1994 y recuperar la tierra. Recuperar la tierra en un doble sentido. Por un lado, en el sentido que le daba Guinovart en el catálogo que entonces se publicó: << La posibilidad de este Espacio me da el entusiasmo para hacer coherentes idea y sentimiento. No he pretendido hacer un museo, sino una obra que pertenece a Agramunt, a su entorno, a sus habitantes, a estas tierras ya sus estaciones: simplicidad desde el verde de la primavera a los dorados de los trigos del verano, los rastrojos del otoño roja en la gama fría y brumosa del invierno. Agramunt, más Segarra que Urgell. Con el misterio quieto de la cuenca del Sió >> 1. Las obras que ahora presentamos retoman la expresión de este sentimiento de pertenecer a un paisaje ya su paisanaje. Y en parte es así porque muchas fueron a la exposición Razón de rastrojo, presentada en el Museo de Arte Jaume Morera de Lleida a finales de 2003 con motivo de la concesión del premio de artes plásticas Medalla Morera del año anterior. Forman parte de una serie de obras que, periódicamente (1948, 1975, 1994 y 2003), recuperan las vivencias de Agramunt para recrear nuevamente bajo una nueva perspectiva: la que da el paso del tiempo. Y es que, como dice Guinovart, << [...] yo tenía nueve años y fuimos a Agramunt.

Esta circunstancia ha marcado para siempre mi trayectoria. Mi tatuaje es la tierra >> 2. Pero este recuperar la tierra nos lleva indefectiblemente a considerar la tierra en un segundo sentido. Como elemento, como el material donde todo germina y donde todo vuelve al final de su ciclo. Y Guinovart ha sabido apropiarse de la tierra incorporándola a su obra. Los rastrojos, el grano, el barro, la iconografía de los trabajos en el campo y del ciclo de la vida con sus estaciones forman parte del lenguaje Guinovart desde el año 1948, cuando pintó La serie del trigo. Porque en su obra, idea y sentimiento han ido juntos, aunando el trabajo manual con el intelectual. Como dice Carles Hac Mor: << [...] El arte de Guinovart es mental por cuanto es material, y al revés. Y, precisamente por eso, sus obras, según como, son más conceptuales que no las de los que no se ensucian las manos porque sólo piensan, apenas tienen ideas. Guinovart reflexiona a través de la materia, de las manos, de la pincelada, de los colores, de las formas. Piensa y dice lo que únicamente puede ser pensado y dicho a través de su trabajo y del resultado de este >> 3. Su obra es una búsqueda constante del equilibrio entre forma y contenido. Ojalá que el firme compromiso de Guinovart entre la ética y la estética nos lleve también a recuperar la Tierra.