Tierra y signos de mar
Josep Guinovart
Esta memoria, el azul en el recuerdo, no es un espacio nostálgico, sino, más bien, un camino que en cada momento se hace presente persiguiendo el azul que todavía no he encontrado y que, afortunadamente, nunca encontraré.
Josep Guinovart
Castelldefels, noviembre, 2006
Josep Guinovart discurren paralelos, o en plena simbiosis, el arte y la vida. El arte en Guinovart es el resultado de una permanente pasión y el reflejo de todas sus vivencias. El artista necesita vivir en el seno de los colores sentidos como un impulso que da forma a su manera de ser, de vivir, de recordar, de amar, de relacionarse, de luchar, de búsqueda de la utopía y de las raíces de nuestro ser y de nuestro sentido. Decía Guinovart que cada vez está más interesado en la revalorización de lo local porque, al fin y al cabo, todo el planeta ya es casi local. Ilustraba lo dicho en el hecho de que, si los japoneses valoran especialmente el genio y la obra de Gaudí, Miró y otros, como Guinovart, valoran las raíces mediterráneas para volar, después, a la universalidad.
Guinovart ha hecho 80 años en plena y fructífera madurez. La persona y el artista mantienen la ilusión y la búsqueda de la utopía como cuando el artista comenzó a pintar y presentó su primera muestra individual en la galería Syra de su Barcelona natal. "Persiguiendo el azul que todavía no he encontrado y que, afortunadamente, nunca encontraré", dice Guinovart. El azul en el recuerdo, sin nostalgia, el camino, el Percorso, el azul de Castelldefels, de Collioure, de Agrigento, de Creta, de Alejandría, de Túnez, de Argel, de Mallorca, de Menorca, del mar Mediterráneo , en definitiva, ha guiado los pasos hacia la búsqueda de la lírica y de la tragedia que esconde el mar, el misterio. Guinovart, como Ulises, está comprometido en el viaje a Ítaca, después de la batalla de Troya, una odisea y un viaje lleno de placenteras noches en que la luna pesca doradas y lubinas, un viaje de sueños atormentados para reencontrar a Penélope, que hace y deshace la tela del tiempo, un viaje con cantos de falaces sirenas que recitan mentiras cerca de los acantilados de Sicilia, un viaje de feroces tormentas en que se agitan y se mezclan los azules marinos y los blancos rotos de las gigantescas olas, un viaje de esperanza cuando el azul se vuelve turquesa, un viaje con eclipses de luna, un viaje con naufragios y supervivencias y con faros de los colgados que cayeron en el largo viaje. Pero, a pesar de las bondades y las dificultades, siempre hay el azul que recuerda el blavet de la infancia, los juegos entre los colores, escaleras y tablones del oficio de pintores decorativos de sus ancestros. Un viaje pisando firme la tierra.
Josep Guinovart vivió en Agramunt la vida rural en tiempos de la Guerra Civil Española. Fue una experiencia que lo marcó. Ahí está su valoración de la tierra, de la fertilidad, del misterio de los ciclos vitales. De estas vivencias quedan en sus obras las gamas de color tierra, los sienas, las texturas de tierras húmedas o resecas, los búhos, los objetos reales de las tareas del campo. No es casual que Guinovart haya constituido e impulsado en Agramunt una fundación que recoge su obra y potencia los artistas jóvenes. Son tan característicos los colores del artista que se habla del "azul Guinovart" y del "tierra Guinovart". Se puede decir que los colores terrosos y los azules son producto de la misma reflexión guinovartiana; son reflexiones en torno a la complejidad de la vida y el arte, sea desde el interior, desde tierra adentro o desde el mar que se divisa desde la atalaya de su casa-estudio de Castelldefels.
Guinovart inició la transición del realismo, entendido como figuración, a una pintura abstracta en 1958, una abstracción que seguirá siendo, en el sentido más profundo, realista. El artista realizó una obra de pequeño tamaño en 1948, titulada Trigo, en el que sustituyó las espigas pintadas por granos de trigo reales formando las espigas; otras zonas del cuadro eran pintadas. Aquí radica una de las claves de su pintura posterior, una pintura con texturas, objetos y color que transfiguran impresiones realistas en composiciones abstractas, de unos collages o unos ensamblajes siempre sorprendentes, y siempre preocupado por la intención de sorprender. Guinovart siempre sorprende, a veces con la materialidad de la pintura, otros con los materiales y objetos dispuestos al apoyo, otros con objetos cerámicos, vidrios, colocando la pintura al lienzo con el bastidor visible, otras veces nos sorprende con una tela que se expande desde el bastidor, como si se tratara de una transgresión de las normas pictóricas. Igualmente, tal y como se puede observar en alguna obra de la muestra, utiliza el grafiti por la necesidad de gritar, de comunicar mucho, y creo que, también, para usar el lenguaje transgresor de muchos jóvenes en la actualidad.
Josep Guinovart ha pretendido siempre no encasillarse, ser siempre el camino de la tierra o en la nave que surca el intenso mar, sin ver ni preocuparse de la meta. El viaje a Ítaca es largo e interminable. Guinovart nunca piensa que ha llegado, nunca cree que ha alcanzado la perfección plena. Cuando consigue, a través de la reflexión y del continuo trabajo, satisfacciones artísticas, cambia el rumbo. Y es que nada molesta más a Guinovart que el adiestramiento y la complacencia de los halagos. Hay varias obras del artista en la que representa "el estilo" cerrado. Recuerdo una obra en la que, en una pequeña y coqueta jaula, hay cerrado "el estilo", como rechazo al amaneramiento y la supeditación de los gustos. De hecho ya pesar de los cambios encontrados en la trayectoria de Guinovart, podemos decir que se ha ido forjando un estilo contra la consolidación del estilo. Sin embargo, el trazo y la manera de hacer del artista son siempre inmensamente inconfundibles.
El artista catalán y universal es una persona comprometida con el arte y con la sociedad. Sin militancias claras, siempre ha sido contra la opresión, contra las injusticias, contra las guerras, sean en Afganistán o la última de Irak, por la que, sin caer en tópicos, configuró una exposición que, irónicamente, tituló El pentágono: traición a la geometría. Su compromiso con el arte, como se ha dicho más arriba, recae en la correspondencia con la vida, honestamente y ética llevada a cabo.
Guinovart es un artista reflexivo, observador, atento a las opiniones de los demás, agradable conversador y, dado que su arte y su vida discurren juntos, sus reflexiones o las de los demás pueden aparecer en algunas de sus obras, elevadas a la categoría de creación artística. En una de mis conversaciones con el artista, realmente distendidos en una comida, habíamos hablado de la situación política, de las autonomías y, después, la conversación discurrió hacia al mar. Hablamos del agotamiento de las especies marinas y de que, gracias a las piscifactorías de agua dulce o salada, el pescado es asequible y accesible para mucha gente. En cierto momento, recuerdo que dije que, ahora, paradojas de la vida, a las lubinas o doradas que viven en libertad las llaman "salvajes" y se justifica el alto precio. "Pobre dorada del mar, llamarla salvaje", respondió Guinovart. Pues bien, una pintura que se presenta en esta muestra, un dípticos de unos azules sorprendentes, llama Soy salvaje, luego existo, escrito en un grafiti de rebeldía.
Josep Guinovart podríamos decir que avanza en espiral, avanzando y retrocediendo, recogiendo y reflexionando sobre lo que ya ha realizado y aportando reflexiones y vivencias nuevas. Como si la vida surge en cada estación del año, como si el trigo germinara en la tierra o del huevo surge la golondrina que surca los cielos.
Ricardo García Prats







